Elon Musk, el hombre que se negó a rendirse

De niño sufrió acoso escolar. Años después estuvo al borde de la ruina. Hoy Elon Musk es una de las figuras más influyentes y controvertidas del mundo.

Redacción -
Elon Musk, fundador de Space X y Tesla
Foto: Traders Union. Utilizada bajo licencia Creative Commons CC BY-ND.

Antes de convertirse en el hombre más rico del planeta, Elon Musk fue un niño solitario que sufría acoso escolar. Antes de enviar astronautas al espacio, durmió en oficinas para ahorrar dinero. Antes de revolucionar la industria del automóvil, estuvo a semanas de perderlo todo. Esta es la historia de un hombre que escuchó cientos de veces que sus ideas eran imposibles y decidió intentarlo de todos modos.

El niño que encontraba refugio en los libros

Mucho antes de que su nombre apareciera en las portadas de todo el mundo, Elon Musk era un niño tímido que crecía en Sudáfrica.

No encajaba fácilmente con los demás. Era reservado, pasaba largas horas leyendo y prefería perderse entre libros de ciencia ficción, tecnología e historia antes que participar en las actividades habituales de otros niños de su edad.

Aquella diferencia le convirtió en objetivo de burlas y episodios de acoso escolar que marcaron profundamente su infancia.

Mientras muchos veían a un chico extraño y obsesionado con los libros, él imaginaba un futuro distinto. Soñaba con cohetes, ordenadores, energía limpia y viajes a otros planetas. Ideas demasiado grandes para un adolescente que aún no sabía que acabaría dedicando su vida a perseguirlas.

Una mochila, un billete y un sueño

A los 17 años tomó una decisión que cambiaría su vida.

Abandonó Sudáfrica y emigró primero a Canadá y después a Estados Unidos.

No llegó acompañado por grandes inversores ni por una fortuna familiar que le garantizara el éxito. Llegó con una convicción que le acompañaría durante décadas: las grandes oportunidades del futuro estarían ligadas a la tecnología.

Mientras otros jóvenes buscaban estabilidad, él buscaba participar en las transformaciones que definirían el siglo XXI.

Dormir en la oficina para construir una empresa

A mediados de los años noventa internet comenzaba a cambiar el mundo.

Junto a su hermano Kimbal fundó Zip2, una empresa que ayudaba a los periódicos a adaptarse a la nueva era digital.

Los comienzos fueron duros.

La empresa apenas tenía recursos y Musk trabajaba jornadas interminables. En ocasiones dormía en la propia oficina para ahorrar dinero y aprovechar cada minuto disponible.

Aquellos sacrificios dieron resultado.

Solo cuatro años después, Zip2 fue vendida por cerca de 300 millones de dólares.

Con poco más de treinta años, Musk ya podía haberse retirado.

No lo hizo.

El éxito de PayPal y la primera gran fortuna

Tras vender Zip2 decidió volver a empezar.

Creó una nueva empresa relacionada con los servicios financieros en internet. Aquella aventura acabaría evolucionando hasta formar parte de PayPal, una de las plataformas que revolucionó los pagos digitales.

Cuando eBay compró PayPal por 1.500 millones de dólares, Musk obtuvo una fortuna considerable.

Para la mayoría de las personas aquello habría sido la meta.

Para él era únicamente el combustible necesario para abordar proyectos mucho más ambiciosos.

La apuesta que parecía una locura

Con el dinero obtenido tomó una decisión que muchos consideraron irracional.

Invirtió prácticamente toda su fortuna en Tesla y SpaceX.

A principios de los años 2000 casi nadie creía que los coches eléctricos pudieran competir con los motores de combustión.

Tampoco parecía realista que una empresa privada pudiera fabricar cohetes y competir con gigantes de la industria aeroespacial.

Las críticas llegaron desde todos los frentes.

Algunos expertos aseguraban que estaba quemando su dinero.

Otros afirmaban que sus empresas nunca serían rentables.

Muchos simplemente se reían.

2008: cuando estuvo a punto de perderlo todo

Si existe un momento decisivo en la historia de Elon Musk, probablemente sea 2008.

Tesla atravesaba graves problemas financieros.

SpaceX acumulaba fracasos en sus lanzamientos.

La crisis económica mundial golpeaba con fuerza.

Durante meses la posibilidad de una doble quiebra fue muy real.

Musk llegó a reconocer años después que estaba prácticamente sin liquidez y que se encontraba a pocas semanas de quedarse sin dinero.

Aquella situación habría acabado con la carrera de muchos emprendedores.

Sin embargo, eligió seguir adelante.

Fue una de las decisiones más arriesgadas de su vida.

También una de las más importantes.

Cuando los imposibles empezaron a hacerse realidad

Poco a poco llegaron los resultados.

Tesla comenzó a demostrar que los vehículos eléctricos podían ser rápidos, atractivos y deseables.

Lo que parecía un nicho acabó transformando toda la industria del automóvil.

Hoy prácticamente todos los grandes fabricantes del mundo desarrollan modelos eléctricos.

Mientras tanto, SpaceX consiguió algo que durante décadas había parecido imposible: recuperar y reutilizar cohetes.

Aquellas imágenes de enormes propulsores aterrizando verticalmente parecían sacadas de una película de ciencia ficción.

Sin embargo, eran reales.

La reutilización redujo drásticamente el coste de acceder al espacio y abrió una nueva etapa para la exploración espacial.

La red que conecta lugares olvidados

Cuando SpaceX ya era una referencia mundial, Musk impulsó otro proyecto que muchos consideraban excesivamente ambicioso.

Starlink.

La idea era desplegar miles de satélites alrededor de la Tierra para proporcionar internet de alta velocidad incluso en los lugares más remotos.

Hoy millones de personas utilizan esa red para conectarse donde antes apenas existía cobertura.

Desde zonas rurales hasta regiones aisladas por conflictos o catástrofes naturales, Starlink ha demostrado que una idea aparentemente imposible también podía convertirse en realidad.

El hombre que nunca dejó de asumir riesgos

En 2022 volvió a sorprender al mundo al comprar Twitter por 44.000 millones de dólares.

La operación fue duramente criticada.

Muchos analistas aseguraron que había pagado demasiado.

Los anunciantes comenzaron a marcharse.

Numerosos medios predijeron el fracaso de la plataforma.

Pero Musk volvió a actuar como había hecho toda su vida.

Siguió adelante.

Cambió el nombre a X, introdujo nuevas funciones y convirtió la plataforma en una pieza central de su ecosistema tecnológico.

Poco después llegó Grok y su entrada de lleno en la carrera global por la inteligencia artificial.

Los miles de trabajadores que crecieron con SpaceX

Hay una parte de esta historia que suele pasar desapercibida.

La salida a bolsa de SpaceX no solo transformó la fortuna de Elon Musk.

También cambió la vida de miles de empleados.

Durante años la compañía compensó a muchos trabajadores con acciones además de sus salarios.

Soldadores, técnicos, ingenieros, mecánicos y empleados de diferentes áreas vieron cómo aquellas participaciones crecían con el éxito de la empresa.

Algunos trabajadores que comenzaron con salarios modestos acumulan hoy patrimonios que hace años parecían inimaginables.

Detrás de los grandes titulares económicos existen miles de historias personales de personas que apostaron por una empresa cuando aún era una incógnita.

Admirado por unos, criticado por otros

Pocas figuras generan opiniones tan intensas como Elon Musk.

Para sus seguidores es un visionario capaz de desafiar lo establecido y acelerar el progreso tecnológico.

Para sus críticos es un empresario impulsivo, polémico y excesivamente influyente.

Probablemente ambas visiones expliquen parte de la realidad.

Lo que resulta indiscutible es que su capacidad para alterar industrias enteras no tiene muchos precedentes en la historia moderna.

El hombre que se negó a rendirse

Quizá el aspecto más llamativo de la historia de Elon Musk no sea su riqueza.

Ni siquiera sus empresas.

Lo verdaderamente extraordinario es la cantidad de veces que escuchó que algo era imposible.

Le dijeron que los coches eléctricos no tenían futuro.

Le dijeron que los cohetes reutilizables no funcionarían.

Le dijeron que SpaceX quebraría.

Le dijeron que Tesla desaparecería.

Le dijeron que estaba loco por intentar llegar a Marte.

Y, una y otra vez, decidió continuar.

Puede que dentro de unos años ya no sea el hombre más rico del mundo.

Puede que algunos de sus proyectos fracasen.

Puede incluso que nunca llegue a ver seres humanos caminando por Marte.

Pero hay algo que ya nadie podrá cambiar.

La historia recordará a muchas personas que explicaron por qué ciertas cosas no podían hacerse.

También recordará a una que dedicó toda su vida a intentar hacerlas realidad.