Los territorios españoles en África que casi nadie conoce

La reciente crisis vivida en Ceuta ha vuelto a mirar hacia el norte de África. Pero, más allá de Ceuta y Melilla, España conserva pequeños peñones, islas y fortalezas cuya historia permanece rodeada de mar, silencio y más de cinco siglos de memoria.

Redacción -
Vista aérea del Peñón de Vélez de la Gomera y su istmo de arena frente a la costa marroquí.
El Peñón de Vélez de la Gomera, territorio español unido a la costa de Marruecos por una estrecha franja de arena. Foto: Adobe Stock.

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Hay lugares de España donde no existen calles, comercios ni vecinos. Lugares a los que no se llega en coche ni aparecen destacados en los mapas escolares. Son pequeñas rocas fortificadas frente a la costa africana, batidas por el Mediterráneo y habitadas únicamente por reducidos destacamentos militares.

La mayoría de los españoles conoce Ceuta y Melilla. Muchos, sin embargo, ignoran que la presencia española en el norte de África se extiende también por el Peñón de Vélez de la Gomera, el archipiélago de Alhucemas y las islas Chafarinas.

La reciente entrada masiva de decenas de miles de personas en Ceuta ha vuelto a situar bajo los focos la frontera meridional de España y su compleja relación con Marruecos. Al mismo tiempo, ha rescatado una pregunta aparentemente sencilla: ¿qué territorios conserva realmente España en África?

La respuesta conduce a una geografía diminuta, fascinante y casi desconocida.

Panorámica de Melilla, una de las dos ciudades autónomas españolas situadas en África. Foto: Adobe Stock.
Panorámica de Melilla, una de las dos ciudades autónomas españolas situadas en África. Foto: Adobe Stock.

Ceuta y Melilla, las dos grandes puertas españolas de África

Ceuta y Melilla son los dos territorios españoles más conocidos del continente africano. No son colonias ni simples enclaves militares: desde 1995 tienen la consideración de ciudades autónomas, con instituciones propias y representación parlamentaria.

Ceuta se asoma al estrecho de Gibraltar, en el punto donde el Mediterráneo y el Atlántico parecen tocarse. Su posición ha convertido la ciudad en un lugar estratégico durante siglos. Antes de incorporarse a la Corona española, perteneció a Portugal, que la conquistó en 1415. Tras la separación de ambas coronas, Ceuta permaneció vinculada a España.

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Melilla, situada más al este, fue ocupada por la Corona de Castilla en 1497. Su ciudadela, Melilla la Vieja, continúa recordando aquel pasado de fortificaciones, murallas y vigilancia permanente sobre el mar.

Ambas ciudades son hoy realidades urbanas vivas y diversas, con decenas de miles de habitantes. Sin embargo, entre ellas y más allá de sus fronteras aparecen otras posesiones mucho más pequeñas: las denominadas tradicionalmente plazas menores de soberanía.

El Peñón de Vélez de la Gomera: una frontera trazada en la arena

Desde la distancia parece una fortaleza imposible, levantada sobre una enorme roca que emerge junto a la costa marroquí.

El Peñón de Vélez de la Gomera fue ocupado por primera vez por las tropas de Pedro Navarro en 1508. España lo perdió en 1522 y lo recuperó definitivamente en 1564. Desde entonces ha permanecido bajo soberanía española.

Durante siglos fue una isla. Todo cambió en 1934, cuando un terremoto provocó movimientos de tierra que terminaron formando un estrecho istmo arenoso entre el peñón y el continente. La antigua isla se convirtió así en una pequeña península.

Vista del Peñón de Vélez de la Gomera desde la costa marroquí. Foto: Adobe Stock.
Vista del Peñón de Vélez de la Gomera desde la costa marroquí. Foto: Adobe Stock.

Una de las fronteras más cortas del mundo

La lengua de arena que separa el territorio español del marroquí mide apenas unos 80 metros. No existe allí una gran valla ni un paso fronterizo convencional. La delimitación discurre por la playa y convierte este lugar en una de las fronteras terrestres internacionales más breves del planeta.

No hay población civil. En sus antiguas construcciones permanece un pequeño destacamento del Ejército español, encargado de las labores de presencia y vigilancia.

Es difícil imaginar un rincón más singular: un pedazo de España unido físicamente a Marruecos por una franja de arena que el mar puede cubrir parcialmente cuando cambia la marea.

Alhucemas: tres islas frente a una playa marroquí

A unos cientos de metros de la costa se encuentra otro pequeño conjunto español: las islas Alhucemas.

El archipiélago está compuesto por el Peñón de Alhucemas y los diminutos islotes de Tierra y Mar. Aunque a menudo se habla de los tres como territorios separados, forman parte de un mismo conjunto insular.

El Peñón de Alhucemas es el único que conserva edificaciones y presencia militar permanente. Fue ocupado por España en 1673, en un contexto marcado por la expansión otomana, la piratería y la competencia por el control del Mediterráneo occidental.

Desde tierra firme, la imagen resulta desconcertante. Los bañistas pueden contemplar, a poca distancia de la playa marroquí, una roca coronada por murallas, dependencias militares, una iglesia y la bandera española.

Los islotes de Tierra y Mar son mucho más pequeños y están deshabitados. Apenas sobresalen del agua, pero forman parte de esa fragmentada presencia territorial que España mantiene frente a la costa del Rif.

Las Chafarinas, tres islas a punto de ser francesas

Más cerca de la frontera argelina aparece el archipiélago más extenso de las plazas menores: las islas Chafarinas.

Las islas Chafarinas, uno de los territorios españoles menos conocidos del norte de África. Foto: Adobe Stock.
Las islas Chafarinas, uno de los territorios españoles menos conocidos del norte de África. Foto: Adobe Stock.

Está formado por tres islas:

  • Congreso.
  • Isabel II.
  • Rey Francisco.

España tomó posesión de ellas el 6 de enero de 1848. La operación se produjo ante el temor de que Francia, que ya controlaba la vecina Argelia, se adelantara y ocupara el archipiélago. Según la documentación histórica, la expedición española llegó apenas unos días antes de la francesa.

Un pueblo español perdido en el Mediterráneo

Las Chafarinas no siempre fueron un lugar casi vacío. Llegaron a albergar una población superior al millar de habitantes, con iglesia, viviendas y registros propios de nacimientos, matrimonios y defunciones. También sirvieron como prisión y lugar de destierro.

Hoy la isla de Isabel II conserva las principales construcciones y acoge un destacamento militar. Las otras dos permanecen deshabitadas.

Pero su valor no es solamente estratégico. Las Chafarinas constituyen un enclave natural excepcional y desde 1982 tienen la consideración de Refugio Nacional de Caza. Sus acantilados y aguas albergan importantes comunidades de aves marinas, reptiles e invertebrados, además de haber sido objeto de investigaciones relacionadas con la amenazada foca monje del Mediterráneo.

En estas islas, la historia militar convive con una naturaleza que ha recuperado poco a poco los espacios abandonados por el ser humano.

El islote de Perejil, una roca que provocó una crisis internacional

A muy poca distancia de Ceuta se encuentra el islote de Perejil, una roca deshabitada cuya soberanía es objeto de disputa entre España y Marruecos.

Su nombre se hizo conocido en julio de 2002, cuando un grupo de gendarmes marroquíes desembarcó en el islote. España respondió días después con una operación militar para recuperar el control. La intervención concluyó sin víctimas y ambos países acordaron regresar a la situación previa.

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Desde entonces, Perejil permanece deshabitado y sin presencia militar permanente. Sin embargo, aquella crisis demostró que incluso una roca de apenas unas hectáreas puede adquirir una enorme relevancia diplomática cuando entran en juego la soberanía, las fronteras y el equilibrio entre dos países vecinos.

Su situación jurídica y política es más singular que la de las plazas menores ocupadas permanentemente por España. Por eso no siempre aparece incluida del mismo modo en los recuentos oficiales de los territorios españoles del norte de África.

Un mapa más complejo de lo que parece

No existe una única manera de contar estos territorios. Si se consideran individualmente ciudades, peñones e islas, la cifra cambia según se agrupen los archipiélagos y según se incluya Perejil.

La forma más precisa de entenderlos es distinguir entre:

Ciudades autónomas

  • Ceuta.
  • Melilla.

Plazas menores de soberanía

  • Peñón de Vélez de la Gomera.
  • Islas Alhucemas: Peñón de Alhucemas, Tierra y Mar.
  • Islas Chafarinas: Congreso, Isabel II y Rey Francisco.

Territorio de situación particular

  • Islote de Perejil.

Las plazas menores carecen de población civil estable y dependen directamente del Estado. El Ejército mantiene personal destacado permanentemente en Vélez de la Gomera, Alhucemas y Chafarinas.

Vista del puerto y la ciudad de Ceuta, enclave estratégico español en el estrecho de Gibraltar. Foto: Adobe Stock.
Vista del puerto y la ciudad de Ceuta, enclave estratégico español en el estrecho de Gibraltar. Foto: Adobe Stock.

¿Y las islas Canarias?

Geográficamente, Canarias se encuentra frente a las costas del noroeste de África. Por ello, también puede afirmarse que España posee un gran archipiélago situado en el entorno geográfico africano.

Sin embargo, Canarias no suele incluirse cuando se habla de los territorios españoles en el norte de África, expresión con la que normalmente se hace referencia a Ceuta, Melilla y las plazas de soberanía situadas junto al litoral marroquí.

Tampoco debe confundirse este conjunto con la isla de Alborán, perteneciente administrativamente a Almería y situada en medio del mar que separa Andalucía del norte africano.

Siglos de historia concentrados en unas pocas rocas

Marruecos reclama Ceuta, Melilla y las plazas menores, mientras que España considera estos territorios parte integrante de su territorio nacional. Se trata de una cuestión recurrente en las relaciones entre ambos países, especialmente cuando se producen crisis fronterizas o episodios de tensión diplomática.

Pero detrás del debate político existe también una historia humana.

Por estos pequeños territorios pasaron soldados, marineros, religiosos, presos, científicos y familias enteras. En las Chafarinas nacieron niños y se celebraron matrimonios. En los peñones hubo hospitales, capillas, aljibes y cementerios. Donde hoy solo se escucha el viento y el golpe del mar, existieron durante siglos pequeñas comunidades aferradas a la roca.

La reciente crisis de Ceuta ha recordado la fragilidad de una frontera que separa dos países, dos continentes y realidades económicas profundamente diferentes. También ha devuelto al mapa unos lugares que rara vez ocupan titulares.

Son minúsculos cuando se contemplan desde el cielo. Sin embargo, concentran más de cinco siglos de historia y continúan teniendo un enorme valor estratégico, simbólico y emocional. Porque España, aunque muchos no lo sepan, no termina en las costas de la península.

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