Si creciste en los 90 en España, seguro que cada verano tenía banda sonora propia: los gritos de los concursantes, las risas de familiares reunidos en el salón y la música que acompañaba a los golpes, caídas y pruebas del mítico Grand Prix del verano.
Emitido por primera vez en 1995, este concurso se convirtió en un ritual televisivo en el que pueblos de toda la geografía española competían entre sí con pruebas tan disparatadas como inolvidables. Desde los troncos locos, la patata caliente o los desternillantes luchadores de sumo, hasta la más famosa de todas: la aparición de la vaquilla en la arena, que se convirtió en símbolo del programa.
Un maestro de ceremonias inolvidable
Al frente estaba el querido Ramón García, Ramontxu para todos, con su sempiterna sonrisa y chaleco. Él fue mucho más que presentador: actuaba como anfitrión de cada pueblo, sabía reírse con los concursantes (nunca de ellos) y mantenía el ritmo de un programa frenético, que mezclaba humor, competición y espectáculo familiar.
La música que lo hizo único
No se puede hablar del Grand Prix sin nombrar al maestro Leiva, director de la banda entre 1995 y 2001. Su orquesta lograba algo mágico: combinar la música tradicional de los pueblos participantes con arreglos cómicos, adaptando grandes éxitos de la época y añadiendo efectos sonoros que potenciaban la comicidad de las caídas y las pruebas. Puede que sin esa música, muchos de los momentos del Grand Prix no se hubieran grabado tan fuerte en nuestra memoria colectiva.
Los personajes que hacían sonreír
Al margen de las pruebas, el Grand Prix nos regaló personajes que reforzaron su identidad. Humoristas, colaboradores y animadores que daban color al programa y completaban el espíritu gamberro pero entrañable que lo definía.
La vuelta del Grand Prix en 2023
Tras años de ausencia, en 2023 el programa volvió renovado, adaptando su formato a los nuevos tiempos: nuevas pruebas, más tecnología y, eso sí, sin la icónica vaquilla. Aunque algunos fans sienten la nostalgia, lo cierto es que su regreso ha reunido a diferentes generaciones frente al televisor, demostrando que el espíritu del Grand Prix sigue vivo.
Y hoy, con la gran final de la nueva edición en 2025, muchos recordamos aquellas noches de verano de los 90, cuando España entera se paralizaba para ver a dos pueblos enfrentarse en pruebas tan absurdas como divertidas.
Porque, aunque hayan pasado décadas, el Grand Prix no es solo un programa: es parte de nuestra memoria colectiva, un pedazo de infancia que nos recuerda que lo importante era reír todos juntos.