Nadie vio venir este giro: Ábalos lleva el ghosting al Supremo
Ábalos asegura que no sabía qué era el ghosting… hasta que dejó de tener noticias de Jessica
El término ghosting ha salido de las conversaciones privadas para colarse, literalmente, en sede judicial. La declaración de José Luis Ábalos en el Tribunal Supremo, en el marco del conocido como caso mascarillas, ha dejado un detalle tan inesperado como revelador.
El exministro aseguró que no sabía qué era el ghosting hasta que lo experimentó en primera persona: según relató, su pareja Jessica dejó de responderle y, simplemente, dejó de tener noticias suyas. Fue entonces cuando, explicó, entendió el término. Una expresión nacida en el lenguaje digital que, de repente, se pronuncia en uno de los escenarios más formales del país.
Cuando el ghosting deja de ser anecdótico
Durante años, el ghosting se ha entendido como una práctica casi banal: alguien desaparece, otro se queda esperando. Fin de la historia.
Pero que este concepto aparezca en una declaración judicial introduce algo nuevo: el ghosting ya no es solo una experiencia privada, es un comportamiento social reconocible y nombrado incluso en contextos institucionales.
No estamos hablando solo de citas fallidas, sino de una forma de gestionar vínculos que se ha normalizado hasta el punto de poder describir situaciones personales incluso ante un tribunal.
De fenómeno digital a lenguaje oficial
El ghosting nace en la cultura de las apps: relaciones rápidas, comunicación constante y, al mismo tiempo, facilidad absoluta para desaparecer sin dar explicaciones.
Lo interesante aquí no es su origen, sino su evolución. Hoy el término se entiende sin necesidad de explicación, se usa en medios de comunicación y ahora, incluso, se verbaliza en procesos judiciales.
Es un síntoma claro de cómo el lenguaje digital está colonizando el lenguaje formal.
¿Por qué el ghosting encaja tan bien en nuestra época?
No es casualidad que este comportamiento haya prosperado. Responde a dinámicas muy actuales.
La sobreexposición a opciones. Cuando todo es reemplazable, también lo son las relaciones.
La evitación del conflicto. Desaparecer es más fácil que explicar.
La comunicación instantánea… y frágil. Nunca ha sido tan fácil hablar con alguien, ni tan fácil dejar de hacerlo.
El ghosting es, en el fondo, una consecuencia directa de cómo nos relacionamos hoy: rápido, superficial y con poca tolerancia a la incomodidad.
El detalle incómodo: cuando lo personal se cuela en lo judicial
Más allá del contexto político o judicial, hay un matiz interesante: el uso de “ghosting” introduce un tono emocional en un espacio donde tradicionalmente dominaba el lenguaje técnico.
No es solo una palabra. Es una forma de explicar una relación fallida sin entrar en detalles… pero dejando entrever una dinámica muy concreta: desaparición, silencio y falta de cierre.
Y eso conecta con algo profundamente humano, incluso en medio de un proceso judicial.
¿Estamos normalizando desaparecer?
El caso abre una reflexión incómoda: si el ghosting ya se menciona con naturalidad en ámbitos formales, ¿hasta qué punto lo hemos normalizado?
Porque, aunque parezca un gesto menor, implica algo relevante: romper la comunicación sin asumir responsabilidad emocional.
Y eso, trasladado a gran escala, define bastante bien una época.